En las sierras de Ávila se han internado unos grumetes con ganas de conocer los tesoros que encierra Gredos.

Ni el aguanieve, ni el frío viento son impedimento para que estos locos bajitos disfruten su particular aventura.

Hora de comer. Hay que guarnecerse del aire del norte. Esta enorme piedra nos proteje. Claro que tampoco está el día para recrearse con la mesa y el mantel.

Las cabras también acuden al bautismo de nuestros tres pequeños montañeros.

Adiós, nos vamos contentos de haber pasado dos días en plena naturaleza.

Niños, recordad que cuando lleguemos a casa no podemos contar a mamá lo de los calcetines y los pies empapados cuando cruzamos aquel río, o la nieve que entró en las botas todo el camino. Tampoco cómo se os quedaron las manos después de tirar bolas de nieve sin guantes. Ni que trepamos a la piedra esa tan alta al borde del precipicio. Lo de tirarnos con el trineo por aquella pendiente... mejor se lo contamos otro día, no sea que se preocupe la próxima vez que volvamos al monte.