Hemos acampado sin luz, y cuando amanece, el Cervunal nos da los buenos días.Recogemos las tiendas y mochila al hombro remontamos el cauce de las aguas.Buscamos el origen de este sonido de torrentes que nos arrulló los sueños.Y no es otro que los depósitos glaciares de Cinco Lagunas.Ahora hemos puesto la vista en la Portilla del Rey (2385 m); pero antes aprovechamos "las piedras del camino".Recuperadas las piernas, ascendemos las últimas rampas.Volviendo la vista nos despedimos de la Laguna Cimera, la mayor y más alta del rosario líquido, ahora congelado.¿Qué buscan estos intrépidos corniseros? Ver qué hay del otro lado sin esperar a que nadie nos lo cuente.La bajada hasta el Gargantón la hacemos en estilo libre.A pecho descubierto: Extremadura merece un futuro digno.El deshielo brinda imágenes evocadoras. (Y también tremendos patinazos y hundimientos inesperados).Después de diez horas de marcha llegamos al lugar elegido para montar el segundo campamento. Las panorámicas desde el Pinarejo incluyen una parte del Circo de Gredos. Al fondo, Tres Hermanitos; en primer término, Tres Amiguitos.Y cuando ya no estemos, sólo unas huellas quedarán como testigo de nuestro paso por aquí.El protocolo que tanto disfrutamos: construidos los dormitorios, nos cambiamos la ropa por otra seca en el vestidor más majestuoso que arquitecto alguno imaginase. Luego acudimos a la mesa del comedor, decorado con motivos naturales y espacios abiertos. La música ambiental son acordes fraguados durante las nevadas del invierno y que ahora se van desgranando en forma de arroyo. 

Maestro de cocina aplicado en el deleite de dar de comer al hambriento.Con el estómago templado nos vamos al saco. Afuera velan montaña y luna.Amanece, desayuno apetitoso, mochila al hombro ¡uf!

Bajamos por el valle, termina nuestra pequeña travesía.Han sido un par de días vividos y disfrutados con intensidad.