Tiralíneas de asfalto nos conducen inequívocamente.Donde termina la carretera cambiamos neumáticos por botas.Y cuando por fin dejamos atrás veredas y puentes, nos calzamos con crampones y seguimos avanzando.Laguna de Lomas. Por los caprichos de la tecnología, donde en realidad hay nieve sobre agua helada, la fotografía evoca nata producida por leche hirvendo, (¿o seré yo, que me he vuelto a pasar con la bebida?). Al fondo izquierda, el Espigüete.Cual diminuta herramienta odontológica, tres montañeros suben por la canal oriental de las Agujas.Y es que las Agujas de Cardaño son piezas dentales incrustadas en níveas encías. (Te dije que no me dieses tanto tabaco).Talmente una muela.Al llegar al collado y pasar a la cara norte, la dureza de la nieve nos acabó de convencer para que diésemos por terminada la ascensión. Fue así como este artículo mudó su título: dejó de ser "Ascensión a Peña Prieta" para adoptar el más sonoro "Agujas de Cardaño".Así debieron ver Churruca y Gravina surgir las naves de Nelson frente al cabo de Trafalgar la aciaga mañana del 21 de octubre de 1805.Y mientras saboreamos el aroma de unos puritos aparecen en la cuerda del pico Cuartas un par de escaladores, ¿o son esquiadores?En fin, hoy nos hemos quedado sin cima y por tanto el banderín naranja no ha salido de la mochila; pero lo que sería imperdonable es que llegásemos al coche cargados con vino y lomo.Palencia nos despide con embeleso: ahí está el pico Curavacas, esperando una próxima visita. Nosotros nos vamos haciendo firme propósito de volver.