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Cuenta Homero en la Ilíada que el rey Agamenón convocó a las naves aqueas para navegar rumbo a las costas griegas. A su llamada acudieron todos los príncipes guerreros.
A la cita de Camborio, "Sebastián Álvaro", se presentaron en el Nogal del Barranco los corniseros.

No están todos los que son; pero sí son todos los que están. Allí concurrieron: Miguel, el de corazón horizontal (grande como el horizonte); Juan, de estirpe luchadora; Camborio, motor de motores; Leo, de fuertes convicciones; Cindy, cuyo entusiasmo mueve montañas (y montañeros); Lucho, de pies ligeros y gatillo fácil.
Las negras naos de Agamenón, Menelao, Aquiles, Ulises,... tenían por objetivo asediar Troya y por fín arrancar a Helena de los brazos de su captor y amante, Paris.

Al igual que Troya, La Mira presentaría resistencia.
Lejos del hogar, los héroes aqueos añoraban otros mares, otras costas, con sus islas y familias.
En cambio, tenían enfrente al jefe de los troyanos: Héctor, cuyo valor y destreza en el combate sólo eran comparables con el amor que sentía por Troya y sus gentes. Héctor y las murallas de la ciudad infundían el desánimo entre los asediadores; Helena no regresaría sin cobrarse un precio desproporcionado.

Pero los aqueos no habían atravesado el mar para atribularse en la playa, sino para luchar junto a las murallas. Combatiendo durante el día y recogiendo heridos por la noche.Usando de toda su industria e ingenio guerreros. Y así, aclimatando sus armas y sus almas a cada nueva contingencia, [...]

[...] consiguieron verse intramuros, con los súbditos del rey Príamo derrotados. Habiendo cumplido con su deber para con su rey Agamenón, los príncipes emprendieron el regreso a casa, lo cual supuso para algunos, como Ulises, una Odisea; pero esa es otra historia que merece ser contada en diferente ocasión...