Y sí, nos atrevimos con los calores del mayo extremeño. Reunimos un equipo excepcional para la ascensión más emblemática de nuestra comarca: el Peñón de Marín, (956 msnm), cota máxima de la Sierra Grande de Hornachos.

Aquí tenemos el plantel: Diego, María “la del coche”, Juan Javier, retoño de Diego, María “la de la casa” y Luis.

Detrás de nosotros la cumbre a la que nos proponíamos subir.

En la subida nos tocó atravesar distintos terrenos: plácido camino de altura con vistas a toda la meseta de Tierra de Barros.

También anduvimos entre jaras, robles, retamas. Todavía tenemos los brazos y piernas llenos de pupas.

Y por fin nos alzamos sobre un collado por encima del valle de los corraletes o valle de los moros. (Y no faltó el refrigerio).

Quedaba trepar los últimos metros para coronar.

¿Cómo respondería el rapaz? Pulsa el botón para ver la respuesta.

Y ya está María en la cuerda final, asediada por innumerables hormigas león (volando en la foto), ávidas por saludarnos con molestos mordiscos.

A pesar de todo, el grupo soportó estoicamente el ataque de los insectos mientras este fotógrafo aficionado colocaba la máquina. ¡Estamos en la cima!

Restaba bajar para probar las ricas viandas que Juan Luis nos tenía preparadas en el pueblo.

Y a la mañana siguiente, con Mamen unida a la expedición, nos acercamos al Oppidum de Hornachuelos (s. II a.d.C.). Al fondo la Sierra Grande de Hornachos.

Fue un bonito broche final para un magnífico fin de semana. ¡Ya tenemos cantera!