Con el fin de mejorar el aspecto y el funcionamiento de nuestro blog, nos hemos cambiado a
Visítanos.

Una retirada a tiempo es siempre una victoria. En la montaña lo importante es volver.
Con el fin de mejorar el aspecto y el funcionamiento de nuestro blog, nos hemos cambiado a
Visítanos.


Con mejor preparación, con aún más motivación si cabe y con el GPS del Camborio de guía, nos adentramos en la sierra de Huelva (Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche) con nuestra bicis en una fría, ventosa y húmeda mañana de Viernes Santos. Partimos de Cala, Huelva. Los orígenes de esta localidad se remonta al tiempo de los romanos, famosa por los ladrillos que se fabricaban en ella y que eran refractarios a la humedad.
Al fondo la sierra de Aguafría, que posteriormente subiríamos para llegar a Monesterio. Detrás nuestra, energía solar, esto va cambiando de color poco a poco. Esta lucha la vamos a ganar.

Los desniveles finales hasta coronar Aguafría exigieron lo mejor de nosotros. La dehesa, como casi siempre, fiel acompañante de nuestros esfuerzos.

Una vez llegado al pueblo extremeño y limítrofe de Monesterio, el camino nos da un pequeño respiro en forma de trocha, una veces pedaleando y otras andando. El Monasterio de Tentudía se aproxima con sus fuertes rampas finales en los últimos 3 kilómetros.

Desde arriba, 1106 metros de altura, temperatura invernal en esta irregular primavera. Paisajes idílicos entre tantos turistas asombrados de que unas bicicletas (y unas personas) puedan llegar a este lugar. Nuestro trabajo nos costó.

La bajada a Cala fue rápida y espectacular. Naturaleza en estado puro, con numerosos alcornoques y encinas. El pelotón se disuelve ante el paso de este "toro bravo".

Los 40 kilómetros de recorrido nos obsequiaron, en sus 4 horas, con dos puertos de alta dificultad para ciclistas aficionados como nosotros. En este enlace podéis consultar la web donde obtuvimos la información para realizar la ruta, así como los datos para el GPS. Es de apreciar como se comparte entre los deportistas esta útil información.

El Google Earth y el SIGPAC también nos ofrecen otras panorámicas (pincha en la imagen para ampliar):
Y con permiso del que va vestido de amarillo, os mostramos este momento único e irrepetible. Es lo bueno que tiene el "autofoto": retrata unos bellos paisajes y una naturalidad impagable. Se coloca el trípode, se pulsa el botón de 10 segundos, corremos, nos montamos en las bicis para dar más realismo al momento, uno que se desequilibra, el otro que se apoya en el compañero y el resultado es...como se dice en mi pueblo "jocicar o pinchá cuennos".

Y por último, y en primicia, este es nuestro nuevo logo que nos une y nos representa. Agradecemos a María Jesús y a Mariam el trabajo, la dedicación y el cariño que han puesto en la idea. ¡¡¡¡Ya mismo estamos haciendo camisetas!!!!!

Exitus, es decir, salida en latín. Resultado feliz de una actuación, de un asunto...
Las salidas del Comando Cornisa se cuentan por éxitos. Esta vez volvimos a cumplir.
Guardábamos un grato recuerdo de diciembre de 2007 en Hornachos y, por aquello de que quien prueba gusta de repetir, quisimos reunirnos de nuevo, esta vez en Gredos. (Hay algunas cabras que ya nos consideran de la familia).
La montaña nos recibió indecisa: no sabía si regalarnos con aguanieve, jugar a ocultar sus piedras con tupida niebla o mostrar todo el blanco de la nieve reflejando la luz de un potente sol. Mientras tanto variaba caprichosamente la intensidad del viento. 

Este asustado senderista parece tener prisa...
... huye del guerrero ninja de la montañas.
Aquí debería venir la imagen del refrigerio: lomo y vino, principalmente; pero nos avisan que este blog está dentro de la categoría "deportes al aire libre" y parece que se han quejado de nuestra contínua promoción de las bebidas alcohólicas. Por ello nos vemos obligados a repetir la foto de portada.
Con las calorías del lomo y los calores del vino emprendemos el regreso.
Y aquí la imagen del éxito al que nos referíamos al principio: tres compañeros que finalizan felizmente sus andanzas por estos montes, encantados de compartir afinidades. ¡Hasta la próxima!
Han pasado dos años y nuestros pasos nos traen de vuelta a La Covacha (2399 m).

La Garganta de Galín Gómez sigue hechizando con su belleza. Las vistas panorámicas desde la Cuerda del Risco del Águila son un lujo al alcance de cualquiera que esté en disposición de calzarse unas botas y caminar por su pista.

Laguna del Barco. Estos circos de Gredos siempre nos embelesan. Ahora tenemos enfrente nuestro objetivo, empezamos a subir el verdadero desnivel.


¿Era necesario pasar por estos corredores de piedra sobre el precipicio, justo ahora que nos acabamos de poner los crampones? ¿Por qué no hemos seguido las marcas del camino? ¿Qué pasa con ese sentido de la orientación?

Vuelta a la senda. Pasamos junto a una pequeña laguna helada. Dentro de poco veremos cómo su tamaño disminuye gracias a la perspectiva y a nuestras piernas escaladoras.


¡Estamos en la cima!

El sol luce brillante, apenas hay viento, así que aprovechamos el momento para descorchar el champán: ¡Ici la France!

Así se ve el Almanzor a 25 km de distancia.

15:30 h; se ha terminado el champán, hemos comido una rica tortilla y unos refrescantes tomates con sal: hora de regresar.


¡Aquí hay equipo!


¿Nostalgia?
¿Satisfacción?
Contemplación.


Es evidente: en los espacios abiertos caben pensamientos más amplios.

En las sierras de Ávila se han internado unos grumetes con ganas de conocer los tesoros que encierra Gredos.
Ni el aguanieve, ni el frío viento son impedimento para que estos locos bajitos disfruten su particular aventura.
Hora de comer. Hay que guarnecerse del aire del norte. Esta enorme piedra nos proteje. Claro que tampoco está el día para recrearse con la mesa y el mantel.

Las cabras también acuden al bautismo de nuestros tres pequeños montañeros.
Adiós, nos vamos contentos de haber pasado dos días en plena naturaleza.
Niños, recordad que cuando lleguemos a casa no podemos contar a mamá lo de los calcetines y los pies empapados cuando cruzamos aquel río, o la nieve que entró en las botas todo el camino. Tampoco cómo se os quedaron las manos después de tirar bolas de nieve sin guantes. Ni que trepamos a la piedra esa tan alta al borde del precipicio. Lo de tirarnos con el trineo por aquella pendiente... mejor se lo contamos otro día, no sea que se preocupe la próxima vez que volvamos al monte.
Se olvida uno que está de visita.
Así de amable puede llegar a ser la anfitriona.
Hemos acampado sin luz, y cuando amanece, el Cervunal nos da los buenos días.
Recogemos las tiendas y mochila al hombro remontamos el cauce de las aguas.
Buscamos el origen de este sonido de torrentes que nos arrulló los sueños.
Y no es otro que los depósitos glaciares de Cinco Lagunas.
Ahora hemos puesto la vista en la Portilla del Rey (2385 m); pero antes aprovechamos "las piedras del camino".
Recuperadas las piernas, ascendemos las últimas rampas.
Volviendo la vista nos despedimos de la Laguna Cimera, la mayor y más alta del rosario líquido, ahora congelado.
¿Qué buscan estos intrépidos corniseros? Ver qué hay del otro lado sin esperar a que nadie nos lo cuente.
La bajada hasta el Gargantón la hacemos en estilo libre.
A pecho descubierto: Extremadura merece un futuro digno.
El deshielo brinda imágenes evocadoras. (Y también tremendos patinazos y hundimientos inesperados).
Después de diez horas de marcha llegamos al lugar elegido para montar el segundo campamento. Las panorámicas desde el Pinarejo incluyen una parte del Circo de Gredos. Al fondo, Tres Hermanitos; en primer término, Tres Amiguitos.
Y cuando ya no estemos, sólo unas huellas quedarán como testigo de nuestro paso por aquí.
El protocolo que tanto disfrutamos: construidos los dormitorios, nos cambiamos la ropa por otra seca en el vestidor más majestuoso que arquitecto alguno imaginase. Luego acudimos a la mesa del comedor, decorado con motivos naturales y espacios abiertos. La música ambiental son acordes fraguados durante las nevadas del invierno y que ahora se van desgranando en forma de arroyo. 
Maestro de cocina aplicado en el deleite de dar de comer al hambriento.
Con el estómago templado nos vamos al saco. Afuera velan montaña y luna.
Amanece, desayuno apetitoso, mochila al hombro ¡uf!
Bajamos por el valle, termina nuestra pequeña travesía.
Han sido un par de días vividos y disfrutados con intensidad.
Tiralíneas de asfalto nos conducen inequívocamente.
Donde termina la carretera cambiamos neumáticos por botas.
Y cuando por fin dejamos atrás veredas y puentes, nos calzamos con crampones y seguimos avanzando.
Laguna de Lomas. Por los caprichos de la tecnología, donde en realidad hay nieve sobre agua helada, la fotografía evoca nata producida por leche hirvendo, (¿o seré yo, que me he vuelto a pasar con la bebida?). Al fondo izquierda, el Espigüete.
Cual diminuta herramienta odontológica, tres montañeros suben por la canal oriental de las Agujas.
Y es que las Agujas de Cardaño son piezas dentales incrustadas en níveas encías. (Te dije que no me dieses tanto tabaco).
Talmente una muela.
Al llegar al collado y pasar a la cara norte, la dureza de la nieve nos acabó de convencer para que diésemos por terminada la ascensión. Fue así como este artículo mudó su título: dejó de ser "Ascensión a Peña Prieta" para adoptar el más sonoro "Agujas de Cardaño".
Así debieron ver Churruca y Gravina surgir las naves de Nelson frente al cabo de Trafalgar la aciaga mañana del 21 de octubre de 1805.
Y mientras saboreamos el aroma de unos puritos aparecen en la cuerda del pico Cuartas un par de escaladores, ¿o son esquiadores?
En fin, hoy nos hemos quedado sin cima y por tanto el banderín naranja no ha salido de la mochila; pero lo que sería imperdonable es que llegásemos al coche cargados con vino y lomo.
Palencia nos despide con embeleso: ahí está el pico Curavacas, esperando una próxima visita. Nosotros nos vamos haciendo firme propósito de volver.
